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  ENTREVISTA

 


Febrero 2015
“Como abogado uno siempre siente la necesidad de hacer las cosas bien”

Visitamos el estudio Pérez Alati, Grondona, Benites Arnsten & Martínez de Hoz (h) (PAGBAM), para conversar con el Dr. José Martínez de Hoz (h), experto en arbitraje comercial. Sus inicios, carrera profesional y perspectivas sobre el arbitraje en Argentina, en esta entrevista.

MedyAr: Usted ha sido reconocido por la Global Arbitration Review 100 como uno de los profesionales más destacados en materia de arbitraje comercial y de inversiones. ¿Podría contarnos cómo fue su recorrido profesional hasta llegar a este punto?

JMH: En mi caso fue producto de las circunstancias. Mi área de experiencia por la cual era más reconocido era energía, más específicamente petróleo y gas. Yo diría que hasta el año 2000 o 2001 era un abogado que, si bien participaba de algunos litigios importantes, mi perfil era el de un profesional transaccional que se dedicaba a la parte de contratos y negocios. Había participado en varios arbitrajes pero mi perfil era más bien el de un abogado de negocios. A partir de 2001, posterior a la crisis de Argentina y el consecuente colapso de los marcos regulatorios y las reglas de juego, en un lapso muy corto, todos mis clientes importantes se vieron involucrados en disputas arbitrales y judiciales muy grandes: disputas contra el Estado Argentino por alteración de las reglas de juego sobre la base de los tratados bilaterales de inversiones; disputas con sus propios socios comerciales por las restricciones o medidas tomadas por el Estado en la restricción a la importación de gas; y otras disputas contra el Estado Nacional a nivel administrativo. Ante estas circunstancias, no hubo más remedio que ponerme a estudiar y, afortunadamente para nosotros los abogados, nadie se ganó un premio Nobel como abogado: lo que hay que hacer es meterle pata y aprender. En fin, así fue como a lo largo del tiempo me fui metiendo mucho en el arbitraje de inversión y también en el comercial. Ya han pasado 14 años.

MedyAr: Ud. También se desempeña en arbitrajes ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI)…

JMH: Claro, yo cubro las dos prácticas. Por un lado, el arbitraje de inversión, que son arbitrajes que se realizan bajo el amparo de tratados bilaterales y multilaterales de inversión en donde los Estados garantizan a los inversores de otro país determinados derechos. Éstos, son arbitrajes que generalmente tramitan en el CIADI, pero no exclusivamente. Por otro lado, participo de arbitrajes comerciales en los que empresas dirimen sus conflictos en base a cláusulas arbitrales pactadas en los contratos de negocios.

MedyAr: ¿En qué se diferencia un arbitraje doméstico de uno internacional desde el punto de vista de la práctica profesional?

JMH: En la sustancia el arbitraje no es diferente. Lo que normalmente cambia es que los arbitrajes internacionales suelen ser casos más importantes desde lo económico, con lo cual la cantidad de recursos con los que ambas partes someten al arbitraje son más grandes, (cuando hablo de recursos me refiero a recursos humanos y económicos). También es cierto que los estándares profesionales son, en los hechos, mucho más exigentes: la calidad de producción de trabajo que involucra (me refiero no sólo al detalle, sino a la cantidad de horas que hay que dedicarle para que los escritos sean persuasivos y claros) y el chequeo minucioso de lo que uno firma. La verdad que en la Argentina muchos profesionales estamos acostumbrados al “más o menos” o” me parece”, algo imposible de proponer en un arbitraje internacional. Afirmar una jurisprudencia que no existe en la realidad o hechos que son manifiestamente incorrectos tiene un costo inmenso frente al tribunal arbitral. En Argentina nos hemos acostumbrado a que muchas cosas pasan y a veces los tribunales judiciales por falta de tiempo y otras circunstancias no son muy exigentes en controlar estas cuestiones. En lo internacional, hay estándares mucho más eficientes y en el arbitraje internacional los árbitros están acostumbrados a una práctica afín. De hecho, en las audiencias orales toda la cuestión vinculada al interrogatorio se maneja con enorme profesionalismo y los expertos de otros ámbitos que intervienen dedican mucho esfuerzo a la producción de informes técnicos estrictamente elaborados. Es una práctica exigente.

MedyAr: ¿Cómo maneja la presión de llevar un caso ante un Tribunal Arbitral Internacional?

JMH: Como abogado uno siempre siente la necesidad de hacer las cosas bien. Creo que esta llamada “presión” de rendir lo máximo no cambia. Quizás, puede ser que las circunstancias de un arbitraje más grande donde hay más participantes, incluyendo estados soberanos en los arbitrajes de inversión, haga que el caso sea más exigente, o que el caso al ser más complejo y tener más aristas, pueda redundar en que uno tenga más presión por la extensión de trabajo. Pero en definitiva la actitud es un poco la misma.

MedyAr: ¿Qué características reúne un buen árbitro?

JMH: Creo que existen muchas cualidades. Quizás la primera es saber escuchar. Los buenos árbitros saben escuchar y escuchan con amplitud mental, es decir, tienen la cabeza abierta para entender el problema y no poseen respuestas o determinaciones anticipadas; no tienen prejuicios. Lo segundo es ser estudioso, estudiar el caso. Hay árbitros con una excelente formación profesional, muy capaces, pero cuando llegan a la audiencia uno se da cuenta que no hicieron los deberes. Los deberes implican conocer el caso, manejarlo al detalle. Por ejemplo, para poder apreciar las circunstancias e implicancias de un interrogatorio, el árbitro tiene que haber leído, estudiado. Luego, existen las características propias a la personalidad de cada uno: hay árbitros que son más pasivos, dejan a las partes explayarse y hacen pocas preguntas; y otros que son más inquisitivos, proactivos y tienden a hacer preguntas mucho más incisivas. De todos modos, creo que es fundamental que los árbitros hagan preguntas ya que deben entender y encontrar en las respuestas de las partes las explicaciones que sienta necesarias. También es importante que pregunten porque hay muchas posturas de las partes que pueden aparentar tener cierta solidez pero cuando aparecen las preguntas específicas, tanto fácticas como jurídicas, hay posiciones que hacen agua relativamente rápido. Un árbitro que pregunta bien puede separar “la paja del trigo”, no sólo para ver qué es lo importante sino también llegar a sus propias conclusiones.

MedyAr: ¿Cómo ve hoy el arbitraje en Argentina? ¿Cree que ha evolucionado?

JMH: Creo que el arbitraje en Argentina ha evolucionado y tiene bastante más aceptación hoy que tenía hace unos diez o quince años. Hay más conocimiento del arbitraje y a nivel judicial existe mayor aceptación y no se ve al arbitraje como algo que compite contra la magistratura sino como algo complementario. Veo a su vez más comprensión de lo que significa el arbitraje en los fallos, muchos de los cuales han sido buenos y favorables al arbitraje. En materia legislativa, pienso que tenemos noticias mezcladas. El nuevo Código Civil y Comercial tiene un Capítulo sobre Arbitraje que en general significa un avance muy importante respecto a lo que teníamos y consagra muchas cosas como el principio de independencia de la cláusula arbitral, la regla de competence-competence o la regla e independencia del arbitraje cuando hay una cláusula arbitral. En definitiva, hay una serie de cosas importantes y que están. Ahora bien, está enfocado como un contrato, quizás hubiera sido mejor tener una Ley Federal de Arbitraje, porque al ser parte del Código esto genera ciertas inconsistencias entre las normas de éste y los Códigos Procesales locales que podría derivar en planteos de inconstitucionalidad en ciertas provincias ya que el derecho procesal es de carácter local según nuestra Constitución. Asimismo, lamentablemente en el Congreso le introdujeron una modificación que en buena medida significa borrar con el codo lo que se escribió con la mano. Sucedió que en el artículo que establece que el arbitraje es inapelable y final, se introdujo una excepción que especifica que es inapelable salvo que el laudo sea cuestionado en base a argumentos fundados en ley. Esto significa que en la práctica se abre la instancia de una apelación ordinaria en cualquier arbitraje. Por otra parte, esto borra a la Argentina como sede de arbitrajes ya que a partir de esto último va muy difícil convencer a las empresas que elijan a nuestro país como sede en arbitrajes internacionales.